La ciencia joven en Cuba vuelve a brillar con luz propia en el escenario internacional. La delegación cubana que participó en la XIX Olimpiada Iberoamericana de Biología (OIAB 2026), celebrada del 30 de agosto al 5 de septiembre en la ciudad de São Paulo, Brasil, y organizada por el prestigioso Instituto Butantan, dejó en alto el nombre de la nación caribeña al conquistar medallas en cada una de sus presentaciones.
Una vez más, la asignatura de Biología se vistió de gala cuando los tres concursantes cubanos subieron al podio, demostrando que la pasión por la ciencia es también una victoria colectiva que involucra el sacrificio de profesores, familiares y el propio sistema educativo del país:
Medalla de Plata: Litzady Nicolau Expósito (Villa Clara).
Medalla de Bronce: David de Jesús Dominica Pérez (Santiago de Cuba).
Medalla de Bronce: Anabel Mantilla Diez (Las Tunas).
Un certamen de hermandad y rigor científico
La Olimpiada Iberoamericana de Biología es una competición anual que reúne a estudiantes preuniversitarios de países de Sudamérica, Centroamérica, Portugal y España, empleando el español y el portugués como lenguas oficiales. Impulsada por profesores voluntarios de universidades y centros de educación secundaria, la cita persigue objetivos nobles, como estimular el interés del alumnado en el estudio de las ciencias biológicas, premiar públicamente el esfuerzo y el talento de los jóvenes, propiciar la amistad y el intercambio de experiencias entre estudiantes y docentes de la región y despertar y consolidar el afán investigador en las nuevas generaciones.
Desde su primera edición celebrada en México en 2007, la olimpiada se ha consolidado como un espacio de referencia. Tras el éxito de esta edición en suelo brasileño, ya se encuentra a la espera de confirmación el país que acogerá la XX edición de la OIAB en 2027.
La juventud y el futuro de la ciencia cubana
“Tras cada medalla se prueba cuánto logra la juventud por un futuro de hombres de ciencia”, expresaron los organizadores del evento, destacando la dedicación que caracteriza a la escuela cubana.
Estos resultados reafirman que el éxito de la delegación no es producto de la casualidad, sino el reflejo de un sistema que, sorteando grandes dificultades, continúa formando con rigor a generaciones capaces de competir y destacar en los escenarios científicos más exigentes de Iberoamérica.

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