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lunes, 17 de agosto de 2026

La apuesta de Fidel: un país pensado desde su juventud

Fidel entendió muy pronto que la juventud no era un público de acompañamiento, sino una fuerza decisiva dentro de los procesos sociales...

Yamaili Almenarez González en Exclusivo 17/08/2026
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El 3 de febrero de 1975 Fidel visitó la escuela formadora de maestros primarios Tania la Guerrillera, todavía en construcción, aunque ya se impartían clases, pues una parte estaba en funcionamiento con 766 estudiantes, e intercambió con alumnos y profesor
El 3 de febrero de 1975 Fidel visitó la escuela formadora de maestros primarios Tania la Guerrillera, todavía en construcción, aunque ya se impartían clases, pues una parte estaba en funcionamiento con 766 estudiantes, e intercambió con alumnos y profesores. Foto: Archivo del periódico Guerrillero

‎En Cuba, hablar de historia es hablar, inevitablemente, de su juventud. En ella, Fidel Castro encontró no solo continuidad, sino impulso, renovación y sentido de futuro. A cien años de su nacimiento, esa mirada hacia los jóvenes sigue interpelando, y abre preguntas sobre el papel de las nuevas generaciones en la construcción del país que tienen —y quieren— delante.

‎Fidel entendió muy pronto que la juventud no era un público de acompañamiento, sino una fuerza decisiva dentro de los procesos sociales. No la redujo a una etapa biológica, sino que la asumió como una actitud ante la vida: inconformidad, búsqueda constante, capacidad de cuestionar, voluntad de transformar la realidad incluso en los escenarios más complejos.

‎En sus intervenciones y decisiones, defendió siempre la idea de que cada generación tiene su tiempo, su responsabilidad y su voz. Por eso confió en los jóvenes para leer los cambios, enfrentar las dificultades y sostener los principios que consideraba esenciales. Para él, el destino de la Revolución descansaba, en gran medida, en la preparación, el compromiso y el sentido de responsabilidad de quienes crecían dentro de ella.

‎Esa visión no se quedó en la tribuna. Se tradujo en espacios reales de participación, en diálogos directos con estudiantes, trabajadores y jóvenes creadores, en programas que apostaban por la formación integral y por una cultura general sólida. Fidel asumió que escuchar a la juventud no era un gesto de apertura, sino una necesidad estratégica. Más aún: hizo suyas muchas de sus inquietudes, consciente de que en ellas se definía también el rumbo del país.

‎La historia reciente confirma esa relación. Desde las aulas universitarias, los centros de investigación y las fábricas, hasta barrios, cooperativas y escenarios culturales, la presencia juvenil ha sido clave para sostener y renovar proyectos sociales.

‎En cada etapa, nuevas generaciones han encarado desafíos distintos, marcados por contextos económicos, tecnológicos y simbólicos cambiantes, pero con la misma responsabilidad de aportar.

‎Cuando se cumplen cien años de su nacimiento, el legado de Fidel en torno a la juventud adquiere nuevas lecturas. En un mundo atravesado por plataformas digitales, migraciones, tensiones económicas, cambios en los consumos culturales y desafíos sociales complejos, el papel de los jóvenes vuelve al centro del debate: ¿cómo participa la juventud?, ¿desde qué espacios?, ¿con qué herramientas?, ¿qué sueña y qué le preocupa?

‎La historia demuestra que cuando la juventud se compromete, se abren caminos; cuando se le subestima, se le culpa o se le excluye, se resquebrajan las bases de cualquier proyecto colectivo. De ahí la importancia de generar y cuidar entornos donde pueda participar, proponer, crear y también cuestionar sin ser penalizada por ello.

‎Mirar a la juventud implica acercarse a sus códigos y lenguajes, a sus modos de organización, a sus referentes culturales y a sus aspiraciones. Implica reconocerla diversa, conectada, creativa, y al mismo tiempo atravesada por no pocas incertidumbres: empleo, vivienda, acceso a tecnologías, oportunidades de realización profesional y personal.

‎En ese punto de encuentro entre experiencia acumulada y necesidad de renovación constante se ubica una de las claves del desarrollo social. La memoria de procesos anteriores puede dialogar con las nuevas formas de hacer, comunicar y participar que hoy construyen los jóvenes desde universidades, proyectos comunitarios, emprendimientos, plataformas digitales y espacios artísticos.

‎Más allá del tiempo transcurrido, permanece una idea esencial: el futuro no es una promesa lejana ni un discurso abstracto, sino una construcción diaria. En esa construcción, la juventud sigue siendo protagonista, con la energía, la creatividad y la voluntad de quienes comienzan —una y otra vez— a escribir su propia historia, esta vez en tiempo real, entre aulas, redes, calles y proyectos que miran hacia Cuba y hacia el mundo


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Yamaili Almenarez González

Podcaster, futura periodista, cubana apasionada


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