Por hábitos que aún no logro transformar, los lunes son mi peor día en cuanto a intensidad de trabajo. No importa cuán buenas sean mis intenciones o cuántas agendas organice a corto o largo plazo: el resto de la semana se me complica y llego a esa jornada con la crónica en proyecto, la página de Sexo sentido a medio hacer y un montón de pendientes de la plataforma Senti2Cuba; sobre todo ahora, que apostamos a convertirla en PDL para sustentar nuestros sueños.
Afortunadamente, todos en casa saben que los lunes solo existo para el tecleo frenético, pero a veces el universo tiene ganas de ponerme a prueba y ese día aparecen visitas no anunciadas, pero ineludibles; o la PC decide ponerse lenta; o mandan de la redacción trabajo urgente… y ahí es cuando toca apelar a uno de mis refranes favoritos: si quieres hacer reír a Dios, ¡cuéntale tus planes!
Dicen los que saben (o usan cualquier pretexto para vender) que el peor día del año es el tercer lunes de enero, y le llaman “azul” porque en inglés estar blue es andar con el espíritu alicaído y amanecer con ganas de no peinarse ni trabajar, y moverse a ritmo de bolerones autodestructivos.
La validación ¿científica? detrás de la fórmula que llevó a esa conclusión es que a esa altura del primer mes ya pasó la euforia de las fiestas navideñas, ya decayó la voluntad para mantener el caudal de buenos propósitos y (lo más importante) ya se acabó el dinero del mes, así que toca “recogerse”, y olvidar alardes de prosperidad.
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A esto se suma que son días fríos y mayormente oscuros (incluso en el trópico), y como este año muchos arrastramos las secuelas de varios virus, la gente alrededor tampoco ayuda a superar ese estado, del que no sabe cómo huir.
¿Qué tan cierto es esto? Difícil asegurarlo… Sobre todo porque al rato de “descubrirse” el fenómeno (en 2005) apareció la sugerencia mágica: ¡reserva vacaciones al menos hasta el miércoles siguiente y asegúrate de pasar el blue monday en un lugar paradisiaco, como un spa, un hotel… o en casa, pero emburujado en mantas y comiendo chatarra frente a las pelis que estrenan esa semana! Conveniente, ¿no?
Claro que hay variantes más saludables para llegar a ese día, pero las ignoramos año tras año porque así es nuestra especie de tropezona, creída y desmemoriada, para rematar.
Entonces, ¿cambiamos eso? Aún tenemos por delante una semana y será fácil organizarnos para poner en práctica lo que funciona de verdad para levantar el ánimo. Por ejemplo, elegir una de tus metas trascendentales y dar un salto de fe en esa dirección.
En mi caso será destinar el fin de semana a limpiar el terreno de mi viejo y disponer de sus materiales valiosos para reciclarlos o ayudar a quienes suelen ayudarme. Así el dichoso lunes me tomará muy cansada, pero feliz.
Si no tienes urgencias ni ambiciones, otra variante es salir par de horas a tomar el Sol en un entorno natural: el malecón, un jardín botánico, un río, un banco de parque… lo que tengas al alcance de tu mano (y tu bolsillo). Lo importante es recargar baterías ese sábado o domingo, alejarte de las pantallas y priorizar el contacto con otros humanos, porque la tristeza compartida toca a menos.
Hay más sugerencias que seguro Rodin incluye en nuestro canal de Telegram (@Senti2Cuba), como las pelis de altos quilates eróticos, así que búscanos en las redes y prepárate a tiempo para no sufrir.
Yo les comentaría otras ocurrencias, pero ¡adivinen!: acaba de llegar una de esas visitas insoslayables y me toca cerrar esta crónica a la precipitada para no atrasar el resto de las tareas lunísticas.
De todas formas, les dejo un par de opciones para lidiar con la depresión el resto del año: el martes 20 a las 5:00 p.m. retomaremos las peñas en el patio de la facultad de Matemática de la UH (entrada libre), y la fundación El Arte de Vivir hará un nuevo curso presencial de su Programa de la Felicidad en la capital entre el 20 y el 23 de este mes. Escríbeme al 52164148 y te cuento más, que el amigo de marras va a tumbarme la puerta (y los tímpanos) creyendo que estoy en la cocina.
¡Ya vaaaaaa!!!!!
- Consulte además: ¡Respira!

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