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martes, 14 de abril de 2026

Polos opuestos

En la madeja de la vida, algunas parejas logran aferrarse al mismo hilo, por muy dispares que sean...

Mileyda Menéndez Dávila
en Exclusivo 14/04/2026
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intimidades
Mis amigos Fredy y Mary llevan 40 años de matrimonio, y aunque son tan opuestos como polos de imán, se complementan en lo esencial (Jorge Sánchez Armas / Cubahora)

La frase salió disparada, sin filtros que ocultaran su pueril desencanto: “Ah, porque tu libro no tiene figuritas… ¿Quién escribe de relajo y no usa fotos calientes?”. Mientras su esposa balbuceaba un regaño (roja de vergüenza ajena), él continuaba removiendo páginas con cara de usurero estafado.

Con gusto reí de sus pucheros: ya me esperaba tal reacción ante la sobriedad del regalo. A mi amigo le encanta hablar de erotismo, pero le da pereza la lectura, ¿para qué querría una selección de artículos de Sexo sentido? Estaba claro que lo suyo era avivar su picaresca imaginación y sumar una novedad con que escandalizar visitas en su diminuto hogar reglano.

Era 2014 y no contábamos con el acceso actual a internet, así que de verdad le ilusionaba escudriñar láminas con dobles y triples intenciones. No importaba si eran científicas o artísticas: él siempre iría más lejos. De ahí su fastidio cuando me aparecí con un “bloque” de texto, inútil para sus maliciosos planes de sacar chispas al pudor de su señora.

En desagravio, acepté su plan de asumir una sección sobre sexualidad en la rueda semanal de radioaficionados de nuestro municipio, y ahí sí se dio gusto imaginando cosas y recreando frases, con esa risita nerviosa tan suya cuando su mente va más lejos de lo que puede confesar.

Pero esa complicidad no duró mucho: algún colega protestó por el contenido (seguro bajo presión de su amargada “cristal”) y en pocos meses nos sacaron del aire con el pretexto de que era mejor hablar de historia o tecnología. Se molestó, pero le sacó el pie al asunto y encontró pronto otra diversión.

Mis amigos Fredy y Mary llevan 40 años de matrimonio, y aunque son tan opuestos como polos de imán, se complementan en lo esencial: hijas, nietas, trabajo, paseos, casa, inversiones… Con tantas vueltas al Sol, él sigue siendo un niño grande y ella una bodhisattva de infinita bondad.

A estas alturas es raro ver a uno sin que la otra ande cerca, y más raro aún no divertirse con sus dinámicas, porque él no pierde la manía de actuar por corazonadas y es ella quien mantiene el equilibrio y atenúa sus consecuencias.

Como el “relajo” era para él más que un hobby, la relación enfrentó duras pruebas, que logró superar con creces. Hoy me atrevo a asegurar que no están juntos por inercia ni por miedo a una vejez solitaria, sino que gozan de una auténtica simbiosis afectiva, con suficiente admiración y confianza mutua para potenciar alegrías y enfrentar adversidades.

Al siempre inquieto Freddy lo conocí primero (gracias a mi hermano menor, cacharrero como él) y me cayó requetebién por su espontáneo sentido del humor, su carácter transparente, su curiosidad empática y su entusiasmo para asumir desafíos sin miedo a cerrar etapas y dejar glorias o fracasos detrás.

Es tan hábil para contar historias como para reparar trastes; chismea como una comadre y pregunta lo que no desconoce con inocente coraje. Con él, todo lo que es está a la vista, y en estos tiempos de supralecturas ese es un don excepcional.

Llegué a su casa por una compu rota y su esposa me recibió con cortés desconfianza (luego entendí que era justificada, porque el amigo es de anjá). Un buen día entendió que yo no me tomaba en serio el coqueteo infantil de su marido y me abrió su corazón, repleto de bondad y firmeza.

Mary transmite serenidad, belleza, constancia… Me atrevo a decir que es el aire en que él respira, y aunque el precio de esa fusión ha sido alto (por los impulsos y devaneos de él, sobre todo), nadie puede negar que son una pareja “hecha en el cielo”, como decían los antiguos textos.  

A veces me pregunto si el gardeo a presión es mejor receta que cerrar los ojos o mostrar intolerancia cuando un hombre es demasiado “salido del plato”… Hubo momentos en que yo misma lo hubiera castigado a dormir en la oficina por sus absurdas imprudencias, pero igual me consta que esos actos no amenazaban los sentimientos genuinos por su esposa, ni restaban un ápice de devoción a su familia.

El sexo es para él un juego más, un modo de probarse a sí mismo (seguro aprendido con otros varones de su entorno), y su picardía despierta igual con una peli, una frase ambigua, un perfume de mujer o una escoba con faldas.

¿Y acaso eso justifica sus agravios? Claro que no. Pero me alegra que en esta madeja de oportunidades que es la vida encontraran un hilo de certezas al que aferrarse juntos, y anudaran más risas que llantos en su apretado nido de amor.


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Mileyda Menéndez Dávila

Fiel defensora del sexo con sentido...


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