Uno es extremo izquierdo y el otro es extremo derecho y, por consiguiente, como era de esperar, uno es zurdo y el otro es derecho. Además, como si todo fuese una estrategia del universo para unirlos a ambos en el camino del balompié, los dos nacieron el mismo día.
Estos dos pequeños prácticamente aprendieron a controlar balones al mismo tiempo que se aprendían los colores y las figuras geométricas. Están envueltos en el mundo de la redonda desde los cuatro años. Y no es casualidad. Los padres de ambos son entrenadores del proyecto Marianao F.C.
Sorprendentemente no es un gusto forzado por sus padres, ambos niños respiran fútbol, disfrutan los entrenamientos más intensos y sueñan con algún día llegar a convertirse en futbolistas profesionales a su corta edad de ocho añitos. Su pasión por el deporte supera con creces las de un niño promedio.
Asimismo, sería un error pensar que por ser los hijos de los entrenadores tendrían las cosas más fáciles en el terreno, o algún tipo de favoritismo en los entrenamientos; todo lo contrario. Entrenan igual que el resto de sus compañeros, incluso más. Marcelo, por ejemplo, tuvo que esperar un buen tiempo antes de hacer prácticas con la pelota, porque bajo órdenes de su papá lo primero es el juego de pies. De igual forma, si están bien en un juego salen sin chistar.
Ayane, zurdo y extremo derecho, encargado de cobrar la mayoría de los balones parados de su equipo destaca por su velocidad, su pegada y un gran nivel de asociación, mientras que Marcelo –derecho por banda izquierda– posee un regate destacable y un gran enfoque ofensivo, juega con los botines desabrochados y los cordones cortos, además de que afirma que juega mejor sin espinilleras. Son tan buenos que juegan en categorías superiores a las suyas (sub-10).
El plan original para estos niños es permanecer en el F.C Marianao hasta sus quince años, luego ingresar en la EIDE e incrementar su nivel, para en un futuro volverse profesionales y... ¿quién sabe?: Ir a la selección.
Pero apostar por un sueño no es fácil, requiere esforzarse el doble que los demás, compaginar el deporte con la escuela y la vida social, pues como dice el padre de Marcelo: “son niños, que se diviertan”.
Al mismo tiempo se torna complejo conseguir los implementos, pues el INDER actualmente no cuenta con los recursos necesarios para apoyar a este proyecto de pequeños futbolistas, por lo que la gran mayoría de los medios necesarios para los entrenamientos proviene de las recaudaciones de los padres.
Cada día, de lunes a viernes, estos muchachos van a la escuela, regresan a sus casas, meriendan y parten a su entrenamiento en el marianense terreno del Palmar, a practicar de cinco a siete y media de la tarde –cuando salen ya es de noche.
El camino de estos dos pequeños no es sencillo, menos en un país donde profesionalizarse en el fútbol es algo costoso, sin embargo, eso no impidió que recientemente, en el terreno de La Polar, durante su primer partido del torneo sub-8 Amigos del Fútbol, Ayane marcara cinco goles y Marcelo cuatro. Y la explicación es sencilla, son niños, soñando con un balón.

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