La obra y el pensamiento de Fidel siempre estuvieron arraigados en los ideales de Martí; en más de cuarenta ocasiones se encuentran menciones explícitas a su voz en «La historia me absolverá», donde consideró a nuestro Apóstol como el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953.
Ambos conocieron la simpleza del ser humanos y comprendieron el valor de sentir el sufrimiento ajeno como propio desde su infancia. Distinguir entre lo bueno y lo malo fue parte de su formación, y amaron la tierra que los vio nacer desde su primer latido. Pasaron por las incertidumbres del confinamiento, la impotencia de saberse injustamente condenados y la nostalgia. Martí halló consuelo en su maestro Rafael María de Mendive; Fidel encontró alivio en la figura de su maestro, José Martí.
Los grupos de revolucionarios que reunió para afrontar con las armas a la tiranía batistiana compartían tal fuerza patriótica e interés por las ideas del Apóstol, que ellos mismos se denominaron la Generación del Centenario ante aquel aniversario de su natalicio.
Los cubanos tenemos el privilegio de contar con el legado histórico de Fidel Castro Ruz, hombre de nuestra tierra. La cercanía de agosto del 2026 nos brinda una oportunidad excepcional para reencontrarnos con los principios que guiaron tanto a Martí como a Fidel, quien inculcó una forma de actuar que hoy constituye la esencia de la Revolución. Convertiremos cada comunidad, centro educativo y lugar de trabajo en un espacio para conmemorar este significativo acontecimiento para los cubanos y miles de personas en el mundo: un siglo con Fidel.

El Comandante en Jefe siempre estuvo presente, atento al científico, al educador, al artista y al deportista. Quien se adentra en su obra cuenta con una fuente invaluable, que incluye discursos, entrevistas e intervenciones y la más clara manifestación de su pensamiento. Fidel fue así: claro y preciso, a la hora de explicar, de convencer, le era fácil establecer una conexión genuina con el pueblo.
Muchos adolescentes y jóvenes de esta generación no tuvimos la oportunidad de coincidir en tiempo histórico con la figura de Fidel al frente del país, y estamos expuestos a la distorsión de la historia que abunda en las redes sociales; para ellos debemos demostrar con hechos, sin consignas vacías, por qué es tan importante conocer a nuestro Fidel, ese que se lanzó al asalto del Moncada, que navegó en el Granma y que luchó en la Sierra.
No habrá mejor análisis que el que haga cada persona, desde su experiencia y conocimiento. Cuba necesita con urgencia hombres y mujeres que encarnen los valores y la determinación de Fidel.

La juventud del Centenario de Martí supo afrontar los retos de su época y elevar la dignidad del pueblo cubano. Gracias a su valentía, la Revolución logró triunfar. Hoy, los jóvenes somos los protagonistas de nuestra historia y nuestro futuro; nos encontramos en un contexto diferente y enfrentamos desafíos distintos, pero comprometidos con la defensa de la soberanía no le fallaron al hombre que, junto a sus compañeros, se negó a dejar morir la esperanza en 1953.
La Generación del Centenario de Fidel seremos los rebeldes que organizan la esperanza del futuro y del bien común sin perder nuestras raíces; no dejaremos de leer y hacer, de hablar y sentir; de cantar y bailar, y luego, salir al estudio, al trabajo o al fusil.
Solo nosotros, los cubanos, podemos edificar un futuro más prometedor para nuestro país; conocemos a fondo nuestros pesares y alegrías, sabemos desde muy dentro qué está bien y qué está mal, solo los que conocemos nuestra historia podemos resolver nuestra realidad, con esfuerzo, unidad y principalmente acción los jóvenes de hoy vamos a crear nuevas oportunidades, siempre impulsados por los ideales de nuestros héroes.

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