Ya sé que voy a sonar incoherente con mi discurso habitual, pero resulta que en ciertos asuntos el tamaño sí importa: mientras mayor es lo que observo, menor será la desviación entre las expectativas y el aporte real del modelo.
También entendí por qué la mediana es más robusta y por ende mejor referencia si pretendes librarte del inconveniente de los valores extremos a la hora de tomar buenas decisiones.
Otro aporte de estos días fue constatar la utilidad de las cajitas diseñadas para evitar errores de juicio difíciles de corregir en el futuro. Aún no tengo muy claro cómo dar el primer paso, pero me convenció su practicidad para estimar de un vistazo simetría y frecuencia, lo cual simplifica la vida cuando te entiendes con demasiados individuos dispares.
Claro, aún tengo que entrenar más con las expertas. Si bien pude saciar las dudas de mi mamá sobre el largo y el momento de usarlas, no sé cómo determinar su ancho, y ella insiste en que ese dato hace falta para llegar a mejores conclusiones.
Yo creo que no… Por lo que entendí, la idea es ponerlas una al lado de la otra y estimar la dinámica según donde caigan las medianas. De hecho, recomiendan ensayar varias posiciones para extraer el máximo potencial y hasta unir semejantes para simplificar la manipulación cuando el volumen es excesivo.
Para mi fortuna, mi nuera es profesora de esa materia y prometió ayudarme, ahora que tiene tiempo libre porque aún falta un mes para su viaje al viejo continente, a reunirse con mi flaco favorito.
¡Ah, sí, también aprendí a despejar el tallo! Esa mecánica era nueva para mí, pero la capté rapidísimo y me encantó el despliegue en la vertical porque se ve muy elegante. Además, es fácil de levantar a mano limpia, sin dispositivos electrónicos, y en estos tiempos eso es una gran ventaja.
Ciertamente, parece algo vintage, pero es muy efectivo con muestras pequeñas, que requieren paciencia y flexibilidad para trabajarlas con minuciosidad y sacarles el máximo.
Como es habitual, ya compartí en el grupo de wasapeo los nuevos conocimientos y me encantó el entusiasmo de algunos para ponerlos en práctica, en especial Rolo y Abel, ambos perfectos como casos de estudio.
Aunque se ubiquen en los polos opuestos de muchas variables, no son tan escurridizos como Darío, Germán o Rubén, quienes se hacen los desmegados ante ciertos temas y con todo descaro huyen por la tangente para no cooperar con la ciencia.
Le cuento a Jorge de qué escribo y me dice que se la puse dura… ¡Ni que eso fuera una novedad! Ese es su reproche de cada lunes cuando no lo dejo tomar la iniciativa y pongo yo la intimidad sobre la mesa. Según él, hilvanar palabras es más fácil que imaginar la escena y apretar el puntero, y por eso rezonga si no me muestro complacida al primer intento.
Para colmo, cuando más concentrada estoy y más ágiles se mueven mis dedos, alguien interrumpe con naderías ajenas a mi inspiración, como el color de los huevos o la calentadera de la yuca… ¡Ya no sé cómo explicar que eso me saca de ritmo y me obliga a reconectar desde el principio!
En el fondo, yo sé que en casa no se toman en serio mi nueva pasión porque sospechan que voy a dejarlo a medias, presa de esa fatal tendencia a proponerme a la vez muchas metas y agotar mi energía antes de concluir ninguna.
Supongo que de nada sirve hacer promesas, pero ya me juré a Mimisma que esta vez no paro hasta sacar el doctorado, así tenga que poner a sudar a todos mis acólitos de Senti2Cuba para vencer el módulo de estadística y análisis demográfico.
Ya les contaré mis avances… cuando domine sus conceptos ambiguos, sus gráficos sugerentes y sus complejas abstracciones, que parecen sacados de una novela erótica del siglo XIX.
- Consulte además: Sacando cuentas

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