Cuando abres el portón de Versos del Peregrino, del poeta Karel Leyva Ferrer, te encuentras con el brevísimo acto de atrapar un relámpago: En el cordel, un relámpago / nos dejó su huella atada… El rayo que es fortuito, se vuelve destino, y es que El Peregrino, inicia el inevitable camino, jadea en el surco de las palabras, y con un pincel sin anclas, echa a volar los trazos de la memoria sobre la piedra del doloroso viaje.
Hay entonces, en los bordes de aceras y trillos, un desbarranco de metáforas visuales, táctiles, y auditivas, que nos dejan la rara atmósfera que revela los gestos imposibles de lo cotidiano, lo familiar y efímero: …el abanico esmeralda / lleva un secreto guardado…
Cada poema es un golpe de luz sobre la nuez donde nace el agua, los poemas se trenzan, hasta armar un solo cuerpo: comienza con Milagro I, y termina con el Peregrino; se trata de un camino de ascenso sin dejar de ser el círculo de quien busca y recoge las huellas esparcidas hacia la noche de adentro ¿El Peregrino es una metáfora que esconde el camino del hombre?
La respuesta cuelga como una fruta que busca que la nombren, pero aquí, en este manojo de versos y destellos, pasa el tiempo y la memoria; la familia y el hogar; el viaje y la búsqueda; la naturaleza como espejo.
Hay textos, tan enigmáticos, que ante la pregunta inesperada, se suspende toda respuesta, no queda otra salida que el silencio y la reflexión existencial que busca una raíz: ¿Los payasos cuando duermen? /..¿Quiénes son los que no quieren / saber si por fin la gente / ha de tener más de un sueño? Se necesita mucho aire en los pulmones para no perder el hilo cordial del viento, para no sucumbir ante el enigma de los enigmas: ¿La suma de los abrazos/ cuánto tiempo demora en saberse? Se lee el verso, y desde la ventana, una flor se unta de los afectos y las ausencias. ¡Quién pudiera extender los mágicos brazos para atrapar la brisa sobre la almohada!
Y si duele la suma de los brazos, qué decir de la invisibilidad de un niño vendedor y su orfandad: Un niño sin más patria/ que su dolor de invierno… La patria no es tierra, es dolor muy adentro entre la voz y las manos.
Los Versos del Peregrino, resumen la poética del tránsito; no son poemas estáticos, sino versos de quien camina con su ruta, donde lo que importa no es el destino, sino lo que se ve, se siente y piensa en el camino; aquí se refleja la conciencia de estar de paso, que es también una conciencia ética, mirar, recordar, nombrar lo que otros no ven.
Es un libro que nos invita a crecer sin perder el corazón de niños, ni el asombro, ni esa pequeña filosofía donde se esconde la sabiduría: Un flamboyán del mañana / con su propuesta de fuego / que olvidará en lontananza / al amaranto amarillo…
No es, en fin, un libro de respuestas, sino de preguntas que nos estrujan cuando lo cotidiano se vuelve asombro y tempestad: ¿Quién junta las partes / de lo que fue una canción? Cuando intentamos responder esa pregunta, comprendemos que, al final, junto al peregrino, el viaje no era hacia un lugar, sino hacia una manera de estar en el mundo: atento, libre y agradecido.
Se despide el peregrino, sin soltar el timón del viejo barco lleno de perlas y de huellas: Capitán te despido / agradezco al poniente / que descubre tu sombra / y la paz que sugieres; / esta boga es la vida / que se esparce en el éter / y regresa sin falta / cuando todo fenece.
¡Buen viaje y camino lector!: Que estos versos sean tu mochila ligera y brújula desenfadada; extiende la voz para rehacer los pedazos de una canción, y no demorar, el tiempo de los abrazos.

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