En casi toda coyuntura adversa que atraviese el país no han faltado las propuestas de ideas o soluciones de los miembros de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC), incluidos los auditores.
Por eso no resulta extraño que a raíz de las órdenes ejecutivas del presidente Donald Trump, que elevan a niveles de crueldad las sanciones contra la Isla, en la Red virtual de esa organización social los debates giren alrededor de las posibles salidas o respuestas de nuestro pueblo a cada medida de asfixia.
Al arreciarse el bloqueo económico, comercial, financiero y energético, y las campañas mediáticas de descrédito de la Revolución, uno de los sectores más afectados es el turismo, aportador de la necesaria divisa y reflejo de que Cuba ni es una amenaza a la seguridad nacional de la vecina potencia imperialista, y sí una nación de paz y tranquilidad ciudadana.
Entonces ante el cese de operaciones acá de cadenas hoteleras y de instituciones financieras y de logística extranjeras, por temores a sanciones o multas de Washington, ha sido alentador escuchar (o más bien leer) de economistas nuestros que Cuba tiene el potencial turístico más atractivo del Caribe, reconocido internacionalmente.
También, que el gobierno cubano ha invertido en infraestructura hotelera y en formación de personal cualificado, además de que nuestra población está preparada política y culturalmente, se caracteriza por su hospitalidad y defiende su identidad, historia y los más nobles ideales.
Son valores agregados que no siempre se encuentran en todas las naciones latinoamericanas y caribeñas, algunas de ellas, con altas cifras de visitantes extranjeros pero sin estar sometidas a un férreo bloqueo estadounidense y a campañas promocionales desalentadoras.
Pero en los debates de la Red de Economistas tampoco han faltado los señalamientos a deficiencias internas, a políticas que estos profesionales, entre ellos académicos y expertos, consideran erróneas o tardías.
Por ejemplo, mencionan en materia de inversiones capacidades hoteleras apenas sin explotar o subutilizadas, falta de previsión ante determinados fenómenos o tendencias en el turismo internacional, no aprovechamiento eficiente de los recursos endógenos, no garantizarse al turista facilidades como la conectividad y la información u orientación oportunas.
La otrora locomotora de la economía cubana si lustros atrás logró aportar al desarrollo de otros sectores, hoy más que nunca requiere de éstos, del encadenamiento con todos los actores económicos tanto estatales como privados, amén de las ventajas que ofrecen los contratos de administración mixta con cadenas hoteleras y extrahoteleras internacionales.
Incluso para administrar hoteles acá, algunos proponen tener en cuenta no solo a cubanos residentes en el exterior, sino a los nuevos actores económicos no estatales dispuestos a invertir en el turismo, como hacen ya algunas Mipymes hoy día con la importación de combustible y la creación de solineras.
Otras ideas expuestas en la Red de Economistas se orientan a la urgencia de fomentar el sector inmobiliario y de valorar la posibilidad de convertir hoteles actualmente vacíos en residenciales.
El asunto no solo es tener más personas entrando al país, sino que el dinero se quede en el circuito del sector y sea captado por el Estado, pero para ello se necesita salvar, poner en explotación lo que tenemos ya creado, desde hoteles y hostales, casas en la playa y de alquiler, y todo lo relacionado con la gastronomía, con la cultura, el deporte, la recreación, la salud, los eventos que puedan realizarse, los intercambios académicos...
En estos meses de verano, a pesar de las restricciones con el combustible, el transporte, la disponibilidad de servicio eléctrico y otros inconvenientes, no olvidar el necesario disfrute de la población, y que el turismo nacional también es otra fuente de ingresos.
Juan Carlos Subiaut Suárez
15/6/26 19:15
Estimado Rendón Matienzo: Hallé una publicación en las redes, le hice unos aportes mínimos, una lectura optimista pero realista de nuestro momento, a la vez que induce estrategias de recuperación del sector. Si Cubahora consiente en su publicación, dado que es conforme a sus requerimientos, encontraría varios puntos interesantes en el comentario. El reordenamiento del sector turístico cubano ante la reconfiguración de la presencia de cadenas internacionales tradicionales no representa una crisis, sino una ventana de oportunidad única, para reposicionar el destino con nuevos socios estratégicos. En este contexto, dos aliados emergen como ideales, cada uno con su perfil y sus fortalezas. Dubái y los Emiratos Árabes Unidos disponen de capital, experiencia en turismo de lujo y, crucialmente, mantienen una relación política y comercial en ascenso con Cuba, blindada por acuerdos bilaterales recientes, un acuerdo de promoción y protección recíproca de inversiones y otro para evitar la doble imposición fiscal. Dos instrumentos que, para cualquier jurista, son la piedra angular que permite a los inversores emiratíes operar con seguridad jurídica y previsibilidad fiscal. Rusia, por su parte, nos ofrece algo igualmente valioso: la capacidad de operar y prosperar bajo presión de sanciones. Esta experiencia compartida convierte a Moscú en un socio no solo económico, sino también geopolíticamente alineado con nuestra realidad. Durante el reciente foro económico internacional de San Petersburgo, el Viceprimer Ministro ruso declaró explícitamente que las empresas rusas siguen ampliando su presencia en Cuba y están dispuestas a invertir en proyectos a largo plazo. Noventa empresas rusas están interesadas en exportar a Cuba, y se han anunciado inversiones superiores a los mil millones de dólares en proyectos bilaterales. El incremento de nuestras importaciones desde Rusia creció un veinte por ciento durante 2025. Mi recomendación estratégica es clara: no elijamos entre Dubái y Rusia. Diseñemos una cartera de socios diversificada donde Dubái lidere la reconversión de nuestros polos turísticos emblemáticos y Rusia participe en proyectos de infraestructura turística, energética y minera. Mi criterio profesional, fundamentado en el derecho mercantil comparado y el análisis de los marcos regulatorios vigentes, es concluyente: no solo no debemos abandonar el modelo de joint venture, sino que debemos perfeccionarlo y ofrecerlo como vehículo preferente a estos inversores. Permítanme desglosar las oportunidades en dos ejes. Primera oportunidad: reactivación turística con alianzas estratégicas La salida escalonada de ciertas cadenas europeas del mercado cubano ha sido ampliamente documentada por medios internacionales como un hecho consumado durante la primera semana de junio de 2026. Sin embargo, el gobierno cubano, a través del Ministerio de Turismo, ha respondido con una política clara y audaz: abrir la gestión hotelera a nuevos actores, incluidos los cubanos residentes en el exterior, y explorar nuevas fórmulas de colaboración. Desde la perspectiva legal, esta declaración de principios debe traducirse en una oferta de valor concreta para los inversores de Dubái y también para los Rusos. El ministerio de turismo ha identificado a Cubanacan e Islazul como dos de sus principales grupos empresariales, con una vasta cartera de activos. Islazul, en particular, opera un número significativo de hoteles de tres y cuatro estrellas en playas del este, Tarara y otras áreas que pueden ofrecerse como prioritarias para su rehabilitación. La ley de inversión extranjera, ley 118, no solo permite este tipo de asociaciones, sino que las fomenta activamente. A finales de 2023, Cuba tenía aprobados 122 contratos de administración y comercialización hotelera con 18 empresas foráneas. La experiencia existe. El valor añadido ahora es ofrecer a Dubái no una simple gestión, sino una cogestión con participación accionaria al 50%, o incluso un modelo de leasing hotelero como ya se ha ensayado con éxito en Varadero. La ventaja competitiva para Dubái es evidente: su marca está intrínsecamente ligada a la innovación, el lujo y la gestión de primer nivel. Asociar los destinos de Cubanacan e Islazul a la experiencia emiratí no solo revalorizaría los activos, sino que abriría las puertas al exigente mercado de medio oriente y asia. Segunda oportunidad: el resurgir de Varadero y los polos tradicionales Varadero es el principal polo turístico de sol y playa de Cuba. La decisión del Ministerio de Turismo de excluir esta zona de la formación de nuevas empresas mixtas para la gestión de instalaciones no cierra la puerta a la inversión, sino que la redefine. El nuevo modelo apunta al contrato de arrendamiento o leasing de instalaciones hoteleras, un esquema probado que otorga una autonomía de gestión total al operador internacional a cambio de una renta fija o variable. Este modelo, que entra en vigor con pilotos como el Iberostar Origin Laguna Azul, es ideal para un socio de Dubái o incluso para inversores rusos con experiencia en gestión hotelera. Ofrece autonomía total sobre la operación, la fijación de precios y el marketing; libertad para fijar salarios, rompiendo con la rigidez de la escala estatal; y seguridad jurídica, porque el contrato de arrendamiento es una figura claramente regulada en nuestro ordenamiento mercantil. Les sugiero ofertar nuevas fórmulas de joint venture para negociar con Cuba. Más allá del clásico 50/50, el derecho mercantil comparado nos ofrece un abanico de figuras societarias que podemos adaptar. La primera es el leasing hotelero, que ya he mencionado. La segunda es la joint venture 50/50 clásica, pero reforzada con cláusulas de estabilización jurídica, arbitraje internacional ante la CIADI o la CCI, y acuerdos de accionistas con derechos de arrastre y acompañamiento. La tercera es la joint venture con mayoría extranjera, donde el socio aporta no solo capital sino también marca y tecnología. Aunque la práctica histórica exigía mayoría estatal, recientemente se ha declarado que estamos explorando nuevos métodos comerciales y ofreciendo diferentes modelos de negocio. Ante la necesidad urgente de divisas, esta práctica puede flexibilizarse caso por caso. La cuarta es la asociación público-privada con inversión en infraestructura, contratos de largo plazo de hasta 40 o 50 años, donde el socio privado financia, construye y opera infraestructura turística y recupera su inversión mediante la explotación comercial. Y la quinta, quizás la más innovadora, es la participación cubana en el exterior: el modelo inverso al Gran Meliá Shanghai, donde el socio cubano aporta su conocimiento y el socio extranjero el suelo y el capital. Podemos proponer a Dubái o a Rusia la creación de empresas mixtas radicadas en sus territorios para gestionar hoteles de su propiedad con personal y marca cubana, generando divisas sin necesidad de inversión directa en la isla. Es una exportación de servicios de gestión hotelera. Formalicemos la oferta. El Ministerio de Turismo y el Grupo Cubanacan deben preparar un paquete de activos atractivos, para presentar a los fondos soberanos y grupos hoteleros de Dubái, y también a los inversores rusos. Este paquete debe incluir hoteles de Islazul y Cubanacan en playas del Este y Tarara para su rehabilitación vía joint venture 50/50, y hoteles en Varadero para su arrendamiento integral vía leasing. A la par de atractivos tradicionales, de sol y playa, tenemos instalaciones construidas, décadas de servicios y mercados creados y mantenidos, y lo fundamental, un excelente capital humano, con altísima formación formal y profesional y experiencia. Utilicemos los acuerdos con Emiratos Árabes como herramienta de marketing jurídico. Y mantengamos un mensaje unificado: Cuba está abierta a los negocios. La reconfiguración de nuestras alianzas es una oportunidad, no un problema. El modelo de joint venture al 50%, el leasing y las nuevas fórmulas de colaboración son las herramientas jurídicas que garantizan el éxito compartido. Nuestros recursos turísticos son de clase mundial y esperan al socio adecuado. Permítanme ser optimista desde la razón económica, desde la apertura mental atemperándonos a los momentos actuales sin negociar principios ni convicciones. Hemos vivido semanas de titulares inquietantes: salidas de cadenas, sanciones que se endurecen, incertidumbre. El derecho mercantil nos enseña que toda crisis es también una reestructuración de activos. Y Cuba tiene activos que el mundo necesita y sigue deseando. La demanda internacional por nuestros recursos no disminuye, se reconfigura. Nuestros polos turísticos siguen siendo únicos. El marco legal se está modernizando. Tenemos una cartera de socios diversificada y creciente: Dubái, Rusia, China, los países del ALBA-TCP que impulsan el turismo multidestino. El modelo de joint venture está renaciendo con nuevas formas más flexibles, más adaptadas al contexto internacional actual. La empresa mixta 50/50, el leasing hotelero, las asociaciones público-privadas, las joint ventures radicadas en el exterior... tenemos un arsenal jurídico suficiente, para ofrecer al socio adecuado, en el momento adecuado, la fórmula que mejor se ajuste a sus necesidades y a las nuestras. El momento de actuar es ahora. La ventana que se abre en 2026 no se repetirá. Con convicción profesional, de profesional que cree en el optimismo, en las posibilidades, en el marketing, en el negocio de resultados ganar – ganar, en el derecho, como herramientas de construcción, no de simple resistencia. Nuestra alternativa no es un deporte de solitarios que espera por una solución mágica, es un juego de alianzas de complementariedades de equilibrio y tenemos la oportunidad, ahora, de jugarlo con dos de las piezas más valiosas del tablero actual. Vamos por más resistencia y alternativas.
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